viernes 26 de agosto de 2016

A una embarazada le hicieron perder su hijito a golpes en violento asalto

Zulema Vargas (25) fue atacada en su casa de Chapanay, donde estaba con su hermanito de 5 años, quien también fue lesionado.

Uno de los casos más graves registrados en la historia policial de Mendoza sucedió el martes pasado en Chapanay, San Martín, en horas de la tarde. Fue cuando una joven embarazada de 7 meses perdió a su bebé tras ser brutalmente golpeada en todo el cuerpo por dos asaltantes. También arremetieron contra su hermanito de tan sólo 5 años porque suplicaba que no le pegaran a su hermana.

La protagonista de esta dolorosa historia es Zulema Vargas (25), quien se hallaba en su casa de calle Las Moras s/n del carril Chimbas. Toda su familia, incluidos sus 8 hermanos estaban trabajando en la chacra. Hasta la casa donde ella estaba acompañada por el pequeño Juan, llegaron dos sujetos, uno con el rostro cubierto y ambos armados. Sin contemplación alguna comenzaron a pedir dinero y como dijo no tener, decidieron sin piedad tirarla al piso donde una y otra vez le dieron muchas patadas en diferentes partes del cuerpo. Ella suplicaba a los gritos y sollozando "no le peguen a mi panza porque estoy embarazada de 7 meses", contó su mamá Gumersinda a Diario UNO en el ingreso del hospital Perrupato. Este jueves, la joven la joven fue sometida a una cesárea porque el bebé -un varoncito- ya estaba muerto. "Ella no para de llorar -prosiguió su madre-, porque soñaba con este hijo".

La mujer, madre de 10 hijos, contó que "Zulema no se cansa de acariciarlo en la panza... Lo poco que quedará con ella".

Las lágrimas cavaron surcos en su rostro curtido por el trabajo. "Ni los animales hacen una cosa así... No tenemos plata... Por eso se llevaron 8 litros de nafta de la moto y las llaves de una chata y un celular". A Juancito, que pateaba para que no le pegaran a su hermana, lo golpearon mucho. Pero él ahora para ayudarla se hace el fuerte y le dice a Zulema: "Tranquila... a mí ahora no me duele más".

Gumersinda contó que luego ataron a su hija y la dejaron encerrada con un candado. Allí comenzó otra tragedia, porque ella por los golpes no se podía levantar y a los gritos pedía ayuda. Nadie la escuchaba. Recién a eso de las 16.30 pasaba por allí un hombre en bicicleta y oyó el pedido y el llanto. La socorrió a través de la ventana porque él tampoco podía abrir la puerta. Desesperado trató de ayudarla y entonces llamó a la policía.

La mujer llora sin consuelo y busca las palabras adecuadas para expresar su dolor y no las encuentra. "Estoy desesperada como mi hija y nos sentimos muy solas pese a que aquí todos son muy buenos", confió.

Luego agregó "yo no puedo entender, ni nadie en el hospital puede hacerlo, la violencia que tuvieron para dos personas indefensas. A Zulema además de patearle la panza le dieron puntapiés en la espalda y en la pierna, y está muy dolorida aunque todos se desvivan en atenderla".

Habría reconocido a uno
El que tenía el rostro descubierto habría sido reconocido por la joven quien vio frustrados sus sueños de ser madre.

El otro tenía la cara tapada pero tampoco lo ubica por el tono de voz. "No creo que sean de la zona porque todos saben que somos gente de mucho trabajo y que vivimos al día. No tenemos dinero y la moto la usaba Zulema para llevar a Juancito a la escuela. Pero esto no significa que nos sobra algo. Fíjese a qué punto llegaron que incluso se llevaron una llave de la chacra".

Seguidamente reconoció "la zona es muy insegura y otras personas fueron asaltadas, pero a nadie atacaron con tanta crueldad", concluyó entre lágrimas.

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