viernes 20 de mayo de 2016
PRIMERA DIVISIÓN

Diego Milito se despide de la profesión tras 17 años

Este sábado, el jugador de Racing disputará su último encuentro oficial ante Temperley.

Diego Alberto Milito, el Príncipe, apodado así por su elegancia como jugador, se despedirá esta mañana de la profesión que lo erigió como uno de los máximos ídolos de la historia reciente de Racing, le permitió ser respetado por sus pares y, además, le dio la posibilidad de dejar una marca imborrable en cada uno de los equipos en los que jugó.

Todavía hoy se sigue debatiendo sobre quién es el Rey del fútbol, lugar sagrado que sólo pueden disputarse grandes futbolistas de la historia como el astro brasileño Pelé, los cracks argentinos Diego Armando Maradona y Alfredo Distéfano o, más cerca en el tiempo, el rosarino y máxima estrella del fútbol mundial en la actualidad, Lionel Messi.

Sin embargo, al hablar de Príncipe en la presente época, Milito honra ese título como lo hizo hace casi dos décadas atrás el uruguayo Enzo Francescoli, un futbolista de estilo y prestigio.

Nacido en la localidad quilmeña de Bernal el 12 de junio de 1979, flaco, alto, de nariz respingada y saltones ojos celestes, Milito llegó a Racing, el club de sus amores, con tan sólo ocho años para formar parte de sus divisiones inferiores.

Allí, transitó mayormente momentos difíciles como también lo hizo, aunque en menor medida, con la Academia en Primera División, debido a la mala gestión dirigencial durante la década del 90.

Con todas las condiciones adversas que vivió la institución de Avellaneda en la mayoría de sus áreas durante aquellos años, y que Milito debió atravesar y padecer, lejos de haberle jugado en contra, supo asimilar y potenciar lo bueno y transformar lo negativo en positivo.

De esta manera, el delantero logró hacerse fuerte dentro y fuera del campo de juego, comenzó a forjar una personalidad ganadora e interpretó como nadie las tan famosas frases "amor por la camiseta" y "sentido de pertenencia", con Racing como única motivación.

Con esos dos lemas marcados a fuego en su piel, la dupla técnica conformada por dos ídolos de la institución como Gustavo Costas y Humberto Bocha Maschio le dio la posibilidad de llevar su talento y goles a la Primera División de la Academia, dando así, y sin saberlo, el primer paso de lo que años más tarde se conocería como una especie de mito viviente del mundo Racing.

Una vez consolidado en el primer equipo académico, a Milito le tocó formar parte, entre otros males futbolísticos, de la peor campaña de Racing en toda su historia: en el torneo Clausura 2000 cuando la Academia cosechó solamente quince unidades de 57 en juego y finalizó en la 18va. posición de la tabla de posiciones.

No obstante, en enero de 2001 llegaría a la dirección técnica de Racing Reinaldo Mostaza Merlo, quien junto a Milito y a un equipo de guerreros logró dejar atrás 35 años de sequías sin títulos a nivel local al coronarse campeón del torneo Apertura el 27 de diciembre de ese año.

Así, Milito, hijo pródigo de la Casa Académica, empezaba a convertirse en ídolo de los hinchas "albicelestes", relación que se iría fortaleciendo a fuerza de goles y de grandes actuaciones, pero que luego de cuatro torneos tras la obtención del título, y si bien seguiría vigente, se iba a dar dentro de un nuevo marco idílico.

En enero de 2004, el Príncipe dejaba Racing para continuar su carrera en Europa, y junto a él, desde el sentimiento lo acompañarían los millones de hinchas de Racing que a esa altura ya sentían a su ídolo como propio y lo seguirían fecha a fecha a través de cualquier medio de comunicación.

Genoa, de Italia; Real Zaragoza, de España, nuevamente el Genoa, y por último el Inter de Milán, fueron los equipos que permitieron que Milito se destacara con creces en dos de las ligas más importantes del fútbol mundial.

El club que lo llenaría de gloria y sin dudas lo catapultaría a lo más alto del mundo futbolero fue el Inter, cuando con dos goles suyos y como figura excluyente ayudó a que el conjunto italiano se coronara como el mejor equipo de Europa luego de 35 años, tras vencer por 2-0 al Bayern Múnich, en la final de la Liga de Campeones de 2010.

Además, con el Nerazzurri también se adjudicó el Mundial de Clubes de ese año al imponerse por 3-0 en la final al Tout Puissant Mazembe, del Congo; con el Inter también logró los siguientes títulos: Copa Italia, Serie A, Supercopa de Italia, todos en 2010, y la Copa Italia de 2011.

En el marco de su gran año vistiendo la camiseta del Inter, quizás la mejor temporada de su carrera profesional, Milito tuvo la chance de jugar su único Mundial en Sudáfrica 2010, con Diego Maradona como entrenador, y de disputar dos partidos: ingresó ante Nigeria (1-0) y fue titular frente a Grecia (2-0).

Luego de su etapa victoriosa en el Viejo Continente, en la que logró el cariño y el reconocimiento de los hinchas de cada uno de los equipos en los que desplegó su talento, y tras haber superado una grave lesión en una de sus rodillas, Milito regresaba a Racing, el 'club de sus amores', luego de once años.

Con la madurez justa que le daban sus 34 años y la chapa obtenida tras una estadía brillante en el fútbol europeo, el Príncipe volvía a su casa, para intentar repetir un viejo y conocido sueño: gritar campeón con el equipo que lo había visto nacer futbolísticamente.

Y así lo hizo en el torneo Transición 2014, con él como máxima figura del fútbol local y referente académico dentro y fuera de la cancha, haciendo goles importantes y transmitiéndole al resto de sus compañeros la mística ganadora de Racing, gracias a su característico y natural liderazgo, como quizás nunca antes lo había hecho un futbolista surgido en el club.

Por todo lo que logró en Racing, que además de los dos títulos locales se podría agregar el hecho de haberle devuelto al club la chance de disputar la Copa Libertadores durante dos años seguidos, haberle permitido recuperar el prestigio internacional y ser respetado por cualquier rival, Milito logró meterse de lleno en el podio de los máximos ídolos de la historia del conjunto albiceleste.

Tras 17 años consecutivos en el alto rendimiento y luego de una vasta carrera en la que supo cosechar reconocimiento mundial y numerosas conquistas, Diego Alberto Milito, el último Príncipe del fútbol, cierra su exitosa etapa como futbolista dejando vacante un lugar de privilegio que será muy difícil de volver a ocupar.

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