jueves 09 de febrero de 2017
PAÍS

El Banco Nacional de Datos Genéticos cumple 30 años

El primero de este tipo se creó para esclarecer delitos de lesa humanidad, herramienta clave para ayudar a las víctimas a conocer su identidad, como en el caso de los 121 nietos.

El primer banco de datos genéticos se creó hace 30 años en Argentina, dedicado a esclarecer delitos de lesa humanidad, herramienta clave para ayudar a las víctimas a conocer su identidad como lo lograron los 121 nietos recuperados y que se ha convertido en un referente mundial, consultado por países como Perú y Colombia en el trabajo para identificar a sus desaparecidos.

"El BNDG es el primero en el mundo asociado a la búsqueda de personas desaparecidas. En ese momento la genética forense estaba naciendo y el banco fue fundamental para el desarrollo de las estadísticas y las bases de datos que hoy son de uso de rutina en muchos países", dijo Mariana Herrera, directora del organismo.

La Ley 23.511, que crea en 1987 el BNDG, fue el resultado de la iniciativa de las Abuelas de Plaza de Mayo, las primeras en comprender la importancia de conservar las muestras genéticas de los grupos familiares de las víctimas del terrorismo de Estado para poder encontrar a sus nietos.

Entre 1984 y 1987, las Abuelas de Plaza de Mayo recorrieron el mundo consultando a distintos especialistas para encontrar la forma de que su sangre sirviera para identificar a sus nietos; fue un argentino exiliado en Estados Unidos, Víctor Panchaszadeh, quien las contactó con la genetista Maire-Claire King, quien llegó a lo que luego se conocería más tarde como el "índice de abuelidad", una fórmula estadística que establece el parentesco entre un abuelo y su nieto.

Así surgió la necesidad de crear un espacio donde obtener, almacenar y analizar las muestras genéticas de las abuelas y sus grupos familiares para ayudar a esclarecer los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado argentino durante la última dictadura (1976-1983).

"Hoy podemos hablar de 121 nietos restituidos y de decenas chicos, cuyos padres desaparecieron antes de que la mamá diera a luz, que pudieron ser registrados con su apellido paterno e integrarse a su grupo familiar", agregó Herrera, quien también recuerda que entre 1987 y 2009, el "banco trabajó en miles de estudios de filiación en casos de criminalística", ya que en el país no había instituciones con ese nivel de desarrollo en antropología forense.

La base de datos del BNDG puede separarse en dos módulos: uno que contiene los perfiles genéticos de 295 grupos familiares, y otro que almacena los perfiles de unos 9.000 jóvenes que, dudando de su identidad, se acercaron para saber si son alguno de los nietos buscados. Ambos módulos están en "permanente comparación", apuntó Herrera.

Las personas que se acercan al BNDG a dejar su muestra genética lo hacen a través de causas judiciales o por medio de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.

Desde su creación y hasta 2009, el banco funcionó en el área de inmunología del Hospital Durand, para luego establecerse en la sede del Ministerio de Ciencia y Tecnología, en la avenida Córdoba 831 de la ciudad de Buenos Aires.

Actualmente, a través de convenios firmados por la Cancillería argentina, el BNDG trabaja con laboratorios de genética forense de Perú y Colombia, y prepara un acuerdo con un grupo de madres de las más de 200 niñas secuestradas en Nigeria por Boko Haram, una facción religiosa del islamismo.

"Los laboratorios de Colombia están armando las bases de datos para la identificación de sus desaparecidos, y nos piden ayuda en cuanto a los criterios de conformación de esas bases, los protocolos, los cálculos estadísticos. Lo mismo que sucede en el proyecto con Perú, donde tienen la tarea de identificar a 15.000 personas desaparecidas desde 1982 hasta hoy", contó Herrera.

Las madres de las niñas secuestradas en Nigeria se acercaron tanto a las Abuelas de Plaza de Mayo, "para aprender a organizarse y saber cómo pedir ayuda al Estado nigeriano, como al Banco, para consultar sobre la elaboración de una base de datos genéticos", continuó.

Consultada sobre el futuro del BNDG, la directora recordó que aún "faltan cerca de 400 nietos por recuperar", y aseguró que la institución trabajará hasta que la última familia que está allí representada pueda recuperar a su nieto.

Entre 1984 y 1987
-Las Abuelas de Plaza de Mayo recorrieron el mundo consultando a distintos especialistas para encontrar la forma de que su sangre sirviera para identificar a sus nietos.
-Contacto con genetista. Fue un argentino exiliado en Estados Unidos, Víctor Panchaszadeh, quien las contactó con la genetista Maire-Claire King, quien llegó a lo que luego se conocería como el "índice de abuelidad".
-Crímenes de la dictadura. Así surgió la necesidad de crear un espacio donde obtener, almacenar y analizar las muestras genéticas de las abuelas y sus grupos familiares para ayudar a esclarecer los crímenes de lesa humanidad.

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