lunes 12 de junio de 2017
PAIS

La Justicia demostró que un represor falsificó su muerte

Hace años, un ex capitán de la marina y jefe en la ESMA fue dado por muerto luego de que su viuda presentara un certificado de defunción sudafricano. Un perito demostró que era falso.

Parece una película pero no lo es. Un perito enviado por la Justicia argentina a Sudáfrica demostró que la familia de un represor de la última dictadura militar falsificó un certificado de defunción y ahora no se sabe si está vivo o muerto por los años que han pasado.

La historia comenzó en el 2005, cuando el Registro de Muerte del Departamento de Asuntos Domésticos de Sudáfrica emitió un formulario que legó a Argentina siete años más tarde.

Ese formulario decía que un hombre llamado Roberto Sedano estaba fallecido. Sedano en realidad se llamaba Jorge Raúl Vildoza. Había sido marino jefe del Estado Mayor del Grupo de Tareas de la ESMA. Alguien con una frialdad a la hora de las torturas, que ningún sobreviviente pudo olvidar.

El certificado fue presentado por su supuesta viuda, Ana Grimaldos, quien dijo que el cuerpo había sido cremado, señaló Página 12.

Ante esto, la jueza María Servini de Cubría envió un exhorto para constatar la información pero este nunca fue respondido. Ante esto, el juez federal Sergio Torres decidió enviar un perito, y este descubrió que el formulario era totalmente falso.

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Entre los elementos centrales de la partida constan dos huellas digitales. Una, de la persona muerta y otra, del "informante", habitualmente convocado en calidad de garante de la información. La planilla lleva otros datos. Un sello de la casa de servicios fúnebres. Una breve descripción de la razón del deceso. Y si la persona es cremada, como supuestamente en este caso, el expediente incluye un certificado de cremación extendido por el Estado. Nada de esto ocurrió.

  • Huellas. En 1995, Vildoza entró en Sudáfrica con el nombre de Sedano. E inició un trámite de ciudadanía. Entre 1995 y 2002 dejó sus huellas tres veces: 1995, 1996 y 2002, como parte de un mismo trámite. Hace tiempo, la Justicia confirmó que esas huellas sí eran de Vildoza. En este viaje, el perito volvió a chequearlo. Todo dio correcto otra vez. Cuando, en cambio, contrastó esas huellas con la del formulario A0488827 se encontró con que la huella del muerto no es de Vildoza (Sedano). Pero además, cuando analizó la huella del informante o testigo notó que era la misma del supuesto difunto. Es decir, muerto e informante son la misma persona. Y ninguno es Vildoza.
  • Funeraria. Las planillas llevan un sello de la casa de servicios fúnebres con un nombre, una dirección y un número de registro. En este caso, la pericia determinó que el sello estampado en el formulario con el nombre de Doves Funeral Services corresponde a una casa funeraria real y a una dirección correcta, pero el número de registro es falso.
  • Certificado. El certificado de cremación que debe ser extendido por el Estado en este caso ni siquiera se encontró.
  • Informante. No existe un legajo a nombre del supuesto informante, un nombre que por otra parte no termina de entenderse porque aparece borroneado con intención.
  • Causas. La razón de la muerte es contradictoria con la versión de la familia. Los Vildoza alegaron en la causa que el marino murió de un paro cardíaco en un hospital; el acta dice que falleció en su domicilio.

Pero los datos no terminan ahí. Algo de ese papel le provocó más dudas al experto. La firma del supuesto testigo se parece a la firma real de Vildoza. Un poco más compacta, pero con rasgos parecidos. Esto abre otra sospecha: tal vez Vildoza no sólo estaba vivo, sino que firmó los papeles de su muerte, explica Página 12.

El segundo de la ESMA salió del país en 1986 escondido en un auto de Inteligencia de la Armada rumbo a un hotel de frontera con Paraguay. Un espía le dio un kit de documentos falsos y un nombre de cobertura. Lo mismo hizo con su esposa, a partir de entonces Ana María Medina. Y con Javier Penino Viñas, el niño nacido en la maternidad clandestina de la ESMA en septiembre de 1977 y apropiado por los Vildoza. Mientras la Justicia argentina comenzaba una persecución de 23 años, el niño comenzó a llamarse Julio César Sedano. De Paraguay pasaron a Brasil, luego a Austria y a Alemania. Y desembarcaron en Sudáfrica.

Es en el marco de esa historia de largos recorridos que el perito comenzó a acumular algunas nuevas sospechas. Una, que Vildoza y su esposa tomaron las identidades de dos personas de la vida real. "Cooptaron la identidad de otras personas", dijo a los investigadores. Y dos, que Vildoza preparó durante años y muy meticulosamente cada uno de los pasos de Sedano hasta obtener la ciudadanía sudafricana. Y luego darlo por muerto en el contexto de una cremación de imposible certeza.

Servini ubicó a Grimaldos en Argentina luego de años de pesquisas a través del teléfono de sus hijos biológicos. Entonces se supo que Vildoza había salido y entrado del país en varias ocasiones con el nombre de Sedano. Aquí montó negocios de juegos de azar. La UIF congeló cuentas de la empresa y la Justicia le abrió una causa por el saqueo de bienes de desaparecidos. Desde entonces, los Vildoza recorren los juzgados. Piden levantar las restricciones de cuentas. Y munidos de aquel formulario, exigen que se cierren las causas contra alguien que aseguran que está muerto. Torres se negó. Interpol de Sudáfrica dijo que la identidad era cierta en octubre pasado. Torres tampoco confió porque no pudo cotejar las huellas.

¿Cual es la responsabilidad de Sudáfrica? Nadie cree que Vildoza pudo haber falsificado los papeles sin algún tipo de colaboración estatal. Si sigue vivo o está muerto, la Justicia no lo sabe. Vildoza nació en 1930. Si vive tiene 87 años.

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