martes 09 de agosto de 2016
POLICIALES

Las últimas horas con vida de Majo Coni y Marina Menegazzo según los testigos de la segunda jornada

Quince personas que vieron a las víctimas e imputados horas antes y después del doble asesinato plasmaron su versión. También se presentó un perito colombiano.

Enviado especial a Ecuador

A pasos agigantados avanza el juicio en Ecuador por los asesinatos de María José Coni (22) y Marina Menegazzo (21). Diecisiete testigos comparecieron este martes en la segunda jornada y ayudaron a reconstruir las últimas horas con vida de las jóvenes ultimadas en la localidad de Montañita.

Una quincena de estos declarantes son personas que trabajan, viven o están vinculadas de alguna manera u otra a los acusados, Alberto Segundo Ponce Mina (33) y Aurelio Eduardo Rodríguez (39). Esto contribuyó a determinar cómo fueron los momentos antes y después de ocurrido el aberrante hecho, siempre siguiendo la versión de los testigos.

En orden cronológico, María Suárez manifestó que las mendocinas le pidieron agua en la puerta de su bar Sin Fronteras cerca de las 17 del 22 de febrero. Las chicas no tenían dinero para pagarle porque les habían robado, según le comentaron. Luego se quedaron esperando un micro para dirigirse a Guayaquil pero a esa hora el servicio de transporte había dejado de funcionar.

Horas después, la testigo apodada Abogadita –no es letrada pero asesora sobre derecho a los habitantes- dijo que ingresó a su negocio el Rojo Rodríguez, quien tomó una cerveza. Coni y Menegazzo, según esta versión, continuaban sentadas en la puerta del local y fueron contactadas por Ponce Mina. Marina Menegazzo le negó el saludo. Luego buscaron un taxi y se subieron junto a Rodríguez.

El taxista que las trasladó fue José Parrales, quien ante el tribunal manifestó que llevó a las tres personas hasta la casa Ponce Mina cerca de las 20. "El Rojo tenía aliento a licor. No hablaron en todo el viaje", detalló.

Otra testigo reconstruyó el siguiente suceso. Los tres protagonistas de la historia se acercaron cerca de las 21 al quiosco de Jacinta Delpezo, ubicado a 150 metros de la casa de Ponce Mina. Coni compró un jugo de frutas con "los últimos diez dólares que le quedaban porque me dijo que les habían robado" y el Rojo una gaseosa, pese a que estaba alcoholizado, según su percepción. Marina estaba callada y se quedó parada en el ingreso.

Un amigo de Ponce Mina declaró que a las 20 llevó al acusado hasta su domicilio en una moto. Alberto Figueroa manifestó haber visto al Rojo y las dos chicas en el interior, aunque después se fue con Ponce Mina del lugar, coincidiendo con la coartada de la defensa de este imputado.

Por su parte, otro taxista detalló que recogió a Rodríguez en el domicilio de Ponce Mina y lo trasladó hasta Montañita cerca de las 22. Las contradicciones de este testigo, Carlos Bazán, fueron tantas que la querella pidió que lo procesen por el delito de perjurio, aunque el tribunal no accedió. Sucede que en la etapa de instrucción el conductor había dicho que el día del viaje fue el jueves –después de los asesinatos- y en el juicio aseveró que fue el lunes, es decir, que el Rojo no estaba en el lugar la noche que se cometieron los hechos.

Ya el 23 de febrero, en horas de la mañana, una empleada de la comuna de Montañita aseguró que Ponce Mina le pidió "fundas para la basura". Esta versión fue ratificada por una secretaria comunal, quien le entregó un paquete con estas bolsas plásticas negras.

Siguiendo los relatos, a las 11 de ese día, Ponce Mina se dirigió a la casa de Pedro Rosales y le pidió que le preste un triciclo "para llevar unos moldes", el cual devolvió cerca de las 14. También contactó con el yerno de Rosales, Pablo Alexander, a quien le entregó un teléfono celular, una cámara de fotos y una de video. "Me pidió que las venda. Me dijo que se las había encontrado en la plata. El teléfono se lo vendí a una yanqui", manifestó el testigo.

Cerca de las 15 de esa jornada, otro declarante afirmó haber visto a Ponce Mina empujando un triciclo cargado con bultos cerca de la zona donde hallaron los cadáveres.

Ya el 25 de febrero, Juan Carlos Pérez se dirigió al río Manglar Alto junto a sus hijos y sobrinos para refrescarse. Cerca de las 17, se alejó para hacer sus necesidades biológicas y encontró el cadáver de María José Coni. Tres horas después notificó a las autoridades.

Todos estos relatos fueron seguidos con cautela por las partes ya que, como queda en evidencia, presentan muchas inconsistencias y puntos ilógicos con respecto a los horarios y ubicaciones.

Pericias colombianas

El perito José Lugo se presentó en la sala de debate con un informe que fue proyectado en una pared. El especialista presentó más de 100 fotografías de la reconstrucción que se realizó el 29 de abril. Los escenarios fueron el hostel donde se alojaron las víctimas, el bar de la Abogadita, la casa de Ponce Mina, la tienda donde compraron las jóvenes con el Rojo y el lugar donde hallaron los cuerpos. En su conclusión, el profesional colombiano manifestó que los acusados "fueron partícipes de un hecho".

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