domingo 20 de mayo de 2018
PAÍS

Economistas ajustan sus previsiones sobre la actividad económica

El gobierno reconoció que habrá más inflación y menos crecimiento. Los organismos y los consultores ponen sus números en revisión

La corrida cambiaria y devaluación, acompañada por suba de tasa de interés, tarifazos y ajuste de salarios y obra pública, obliga a los economistas a recalcular las expectativas de crecimiento de 2018. Una revisión que ya realizaron organismos internacionales como el FMI, que redujo de 2,5% a 2% sus pronósticos de expansión durante su último informe de perspectivas globales, y que se prepara en estos días a realizar una nueva rebaja.

De hecho, tanto el presidente Mauricio Macri como el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, reconocieron en la última semana que las consecuencias de la crisis serán "menor crecimiento y mayor inflación" para este año. Economistas como Rodolfo Santangelo, socio en la consultora M&S de Carlos Melconian, pronosticó directamente una caída del PBI.

Si el sacudón financiero, la devaluación y su traslado a precios frenaron las expectativas oficiales de expansión, un acuerdo con el Fondo Monetario que comprometa al gobierno a acelerar el ajuste prácticamente garantiza un drástico freno de la actividad en 2018. De no mediar alguna triquiñuela estadística, se sepultaría el sueño del equipo económico de exhibir un crecimiento, aunque tibio y heterogéneo, durante dos años seguidos.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) aseguró que la economía creció 2,9% en 2017. Un crecimiento que el propio presidente reconoció "invisible", toda vez que se encuentra más en los papeles que en la experiencia cotidiana de la mayoría de los agentes económicos. Una pobre base de comparación, la administración electoral del gasto público y la magia de la estadística confluyeron para que el número supere a la realidad.

La consultora Economía & Regiones, fundada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, analizó las características de esa evolución. Destacó que 13 de 16 sectores se expandieron durante 2017, respecto del crítico 2016. Los tres rubros que cayeron fueron el servicio doméstico; electricidad, gas y agua, y la explotación de minas y canteras. Sectores los dos últimos que incluyen los negocios de energía e hidrocarburos, receptores de los estímulos más fuertes que concedió el gobierno nacional en los últimos dos años. Las actividades que lideraron las subas fueron la pesca (14,3%), que se expandió en la Patagonia a partir de una baja base comparación en la pesca de calamar, y la construcción (10,4%), sobre todo la vinculada a la obra pública.

Un dato curioso de este cuadro es que, la actividad que mayor expansión registró en 2017, la pesca, tuvo su esplendor en la única región que, de acuerdo al indicador que elabora E & R, experimentó una caída de la actividad el año pasado, en relación a 2016. Se trata de la Patagonia, que decreció 0,6%, afectada por el petróleo, la crisis de la industria electrónica de Tierra del Fuego y la construcción en Santa Cruz.

La consultora destacó el crecimiento del 11,3% de la inversión, impulsada por un aumento de 13,9% en el equipamiento con maquinaria agrícola (19,8% en importada y 4,9% en nacional), del 12,4% la construcción (mayoritariamente obra pública), 6,7% en construcciones ligadas al petróleo y al agro una más modesta evolución de la adquisición de equipos de transporte (11,9% creció el importado, mientras que bajó 4,5% el nacional). Inversión en obra pública y equipamiento adquirido en el exterior tienen su contracara en la presión fiscal y el déficit externo.

Por sectores de actividad, se registró una expansión de 2017 contra 2016 de 10,4% en la construcción, un 5,3% en la intermediación financiera, un 3,5% en la agricultura, un 2,8% en la industria y un 2,6% en el comercio.

Aunque entusiastas con estos números de 2017, los economistas de E&R se resisten a considerar esta evolución como crecimiento, en un sentido estricto del concepto, ya que no hay "un aumento del PBI per cápita". En rigor este indicador fue de 16.292 pesos en 2017, menor a los 16.598 pesos de 2015. Según el reporte de esta consultora, se necesita una expansión del 2% en 2018 y de 2,5% en 2017 para "empatar el nivel de hace dos años". Si se mide respecto de 2011, el producto por cabeza es 3,5% menor.

Es que más allá de que los números del Indec puedan mostrar un PBI 2017 ubicado en el pico histórico, el mapa de la actividad económica sobre el que se sustenta tiene su complejidad. Norberto Itzcovich, director técnico del organismo estadístico durante la administración anterior, explicó que "hay un montón de factores, que tienen que ver con la metodología de cálculo, que explican por qué el crecimiento anunciado es invisible".

En primer lugar mencionó el impacto que la baja de subsidios a los servicios públicos tienen sobre el ítem "impuestos menos subsidios", que se adiciona, al efecto de calcular el PBI, sobre la suma del Valor Agregado Bruto creado por los distintos sectores de actividad. Este ítem le suma tres décimas porcentuales al cálculo. Este indicador tiene más incidencia en la planilla que en la economía real. "Al restar el componente de subsidios, se eleva el de impuestos y sube el PBI", explicó Itzcovich.

El especialista puso también la lupa sobre otros aspectos de la medición. "El cálculo del agro, por ejemplo, se da sobre una estimación de cosecha de 139 millones de toneladas, y la producción agrícola terminó siendo de 125 millones de toneladas", recordó. Y explicó que "esa diferencia impacta en el agro pero también en el comercio, transporte y seguro". Otro rubro que llamó la atención del especialista es el del aumento de 11% en la producción automotriz, cuando los datos de Adefa, principal fuente de información sobre el sector, indican un estancamiento. Sin cargar las tintas sobre intencionalidades, explicó que una deconstrucción de estos datos, que además se comparan con un año más recesivo, llegan a concluir que el crecimiento real del 2017 no llega al 1%.

Sin involucrarse en esta arqueología, el Centro de Economía Política Argentina (Cepa) ofreció otra perspectiva, al analizar la evolución del PBI durante la administración Cambiemos. Explicó, por ejemplo, que la expansión medida por el Indec entre 2016 y 2017, de 2,9%, se reduce a 0,9% en relación a 2015.

Según este centro de estudios, si bien la economía se mueve con altibajos desde 2011, a partir del cambio de gobierno hay variaciones que tienen una explicación más estructural.

Señalaron que en dos años ganaron participación en el total del Valor Agregado Bruto actividades como intermediación financiera (0,74 punto); electricidad, gas y agua (0,61 punto) y agro (0,49%). En cambio, en el mismo período, la industria manufacturera perdió 1,45 punto de participación en el PBI. La construcción, a pesar de la suba de 2016, perdió 0,51 punto de participación y el comercio mayorista y minorista cedió 0,55 punto.

"Este nuevo esquema de ganadores y perdedores propone una incipiente situación estructural, en la cual los sectores que más trabajo aportaron en los ultimos años empezaron a reducir participación y los sectores ligados a las ventajas comparativas del sector primario comenzaron a ser protagonistas", señaló el Cepa.

Carla Calá, investigadora del Ieral de la Fundación Mediterránea, prefiere hacer hincapié en que "la salida de los cepos", permitió apoyar la expansión entre 2015 y 2017 con un "moderado aumento del consumo, fuerte aumento de la inversión, que repercute en las importaciones, y una recuperación moderada de las exportaciones".

Señaló que en 2017 la demanda agregada aportó 6,7 puntos a la expansión del PBI, con una suba de 5,3% por la suba de la inversión y la construcción. El precio asociado a este modelo fue una caída de 3,8 puntos en el sector externo.

Antes de la más reciente corrida cambiaria, Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral, pronosticó una expansión de 2,5% a 2,8% en 2018, "aún cuando las cifras de inflación se corrijan al alza". Si bien reconoció que la sequía afecta la evolución de la actividad, alertó que no debe subestimarse el "efecto rebote" de la próxima campaña, como pasó entre 2009 y 2010.

En su último reporte, después de la crisis del mercado del dólar, mantuvo su optimismo. Admitió que habrá "un golpe inicial" sobre la actividad económica que se sentirá en el segundo y tercer trimestre. Esta baja será inducida por "la incertidumbre, el salario real y la restricción crediticia". Pero consideró que la economía "tiene chances de recuperarse de la mano de nuevos vectores, más asociados al comercio exterior, la construcción privada, la energía, el turismo y las economías regionales".

E&R estimó antes de la crisis una expansión de 2% en 2018, favorecida por el arrastre estadístico de 2017, que le aporta 1,2 puntos porcentuales. Si este fuera el final de la película, el gobierno podría mostrar a su platea "dos años seguidos de expansión, por primera vez desde 2011".

Pero este número será más útil para exhibirlo en debates televisivos que para dar cuenta de la salud de la economía real. E&R destacó cuatro factores que desacelerarán la actividad este año: la base de comparación ya no es tan baja, sobre todo en el tercer y cuarto trimestre, cuando se concentró el gasto electoral el año asado; la sequía impactó en el volumen de cosecha; el crédito en el sector privado se frenó, y la inflación "puede ser mayor a 2017 si no se endurece la política monetaria". Desde principios de mayo, con la tasa de interés al 40% en medio de una corrida que devaluó el peso un 31% y serruchó las reservas en casi 10 mil millones de dólares, impulsada por una fuga de capitales feroz, y con una aceleración de los precios que deprimirá aún más el consumo, el pronóstico de actividad es todavía más reservado.

La fuga de dólares, una pesada mochila
En el informe de coyuntura realizado a fines de abril, el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) analizaba los indicadores de actividad económica del primer trimestre del año. Estos daban un crecimiento impulsado por un repunte estadístico, el rezago de obras públicas del año pasado y una expansión de los créditos indexados.
Los economistas de ese nucleamiento advirtieron que ese "optimismo económico" considerado por los economistas como era de "patas cortas", debido a los nubarrones que ya se presentaban en el frente externo.
El trabajo advertía sobre la firmeza que registró la formación de activos externos del sector privado durante el verano con la novedad de "los grandes operadores que vendieron Lebac para pasarse al dólar". En marzo, la fuga alcanzó los u$s 2.464 millones, 148% más que en marzo de 2017. El centro observó una mayor expansión de la posición "divisas" por sobre el crecimiento de la posición "billetes" (dólares de ahorristas y depositados en el país). En marzo de 2018, la compra neta de dólares "divisas" fue de u$s 600 millones.

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