jueves 15 de agosto de 2019
VIALE 910

El editorial de Jonatan Viale: "Ellos prometen haber aprendido y volver buenos. Permítanme la desconfianza"

Hay momentos, cuando estás frente al abismo los cuales lo único que te queda es confiar en el otro. Eso pasa en el "dilema del prisionero". Vamos a suponer que la policía arresta a dos sospechosos de un robo de U$S 10 millones de Lucas y Daiana. No hay pruebas para condenarlos. Va la policía y le ofrece el mismo trato: SI uno confiesa el robo y su cómplice no, el cómplice será condenado a 10 años de cárcel y el primero será liberado.

¿Qué pasa si ambos niegan haber participado en el delito? Ganan los dos porque no hay pruebas contundentes. De eso se trata el dile del prisionero: el peligro de no saber cómo va a actuar el otro. La duda entre confesar o colaborar. Por desgracia para los prisioneros, uno no conoce lo que eligió el otro. Incluso si pudieran hablar entre sí, no podrían estar seguros de confiar mutuamente.

Eso es lo que estuvo pasando en el país las últimas horas. El presidente saliente Mauricio Macri y el posible presidente entrante, Alberto Fernández, estuvieron dudando durante 3 días entre colaborar o no entre sí. Se odian, se detestan, piensan distinto, piensan distinto, no confían en el otro, se vieron pocas veces cara a cara, pero sabían que si no colaboraban, se producía un colapso general que los iba a perjudicar seriamente.

Macri corría el riesgo de no terminar el mandato y repetir la historia de tantos presidentes argentinos. Fernández de recibir un país todavía más prendido fuego del que ya está con el dólar a 80 o 90 pesos y con hiperinflación.

Lo que pasó en las últimas hora es que tanto Macri como Fernández salieron del modo electoral y entraron en modo gobernabilidad. Suspendieron por un rato la campaña y priorizaron la salud de un enfermo llamado Argentina que estaba a punto de morir. Los nueve anuncios económicos de ayer son una aspirina y una gasa, pero el décimo fue el más importante. Ese diálogo telefónico que funcionó como el comienzo de una transición institucional sensata. Lo que terminaron de entender ambos es que la grieta sirve para hacer campaña pero no para gobernar y menos en situaciones de crisis. Cuando necesitas al otro y no tenés puentes, estás en el horno.

¿Qué hizo un sector radicalizado del kirchnerismo desde que empezó la gestión de Macri? Buscó desgastar, buscó limarlo. Lo primero que hizo Cristina Kirchner fue intentar vaciarlo de legitimidad de origen. El 9 de Diciembre de 2015, un día antes de que termine su mandato, dijo que la sociedad había votado confundida por los medios de comunicación. Lo segundo que hizo, fue no presentarse al Congreso de la Nación al traspaso de mando. No quiso entregar la foto de ella transfiriendole el poder a su enemigo Mauricio Macri. Lo tercero fue repetir una y otra vez que no llegaba a completar el mandato. Lo último, lo asoció con una dictadura militar.

Hoy, jueves 15 de Agosto de 2019, ese diálogo se recuperó únicamente porque se dieron cuenta que si daban un paso más en falso, lo que venia era el abismo.

Fernández va a tener qué elegir qué tipo de gobierno quiere tener. Si predominan los sectores más moderados representados por Guillermo Nielsen y Santiago Cafiero o si se imponen los sectores agresivos. El domingo a la noche tuvimos una pequeña pista cuando vimos a Máximo Kirchner, líder de la Cámpora, como dueño de la escena.

Hay motivos suficientes como para desconfiar del kirchnerismo. Cuando Cristina tuvo la suma del poder total hizo un verdadero desastre. Escrachó disidentes, dividió a la sociedad, usó el Congreso como escribania, suspendió la medición de la pobreza, se peleo con el campo, con el periodismo, Estados Unidos, bancos y supermercados. Ellos prometen haber aprendido y volver "buenos". Permítanme la desconfianza.

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