lunes 04 de noviembre de 2019
VIALE 910

¿Volvemos con la vieja y estúpida idea de que los medios inyectan datos en la opinión pública?

Ya nos peleamos con los diarios, ya nos peleamos con los canales de noticias, ya nos peleamos con las caricaturas. Ahora es el momento de pelearse con los dibujitos animados.

¿Adivinen de quién estoy hablando? de Bugs Bunny. Se llama así en honor a su primer dibujante. En 1938 'Bugs' Hardway no paraba de dibujar conejos en sus bocetos. Hasta que un colega se refirió a él como 'Bug's Bunny' (el conejo de Bugs). Y eso fue suficiente para que el nombre fuera definitivo en el conejo más famoso del mundo.

La pregunta es: ¿Qué sentirá en estos momentos? ¿Nervios, miedo, angustia? Sabe que lo que viene es una lucha despiadada. Del otro tiene nada menos que a Alberto Fernández.

Los chicos de hoy no saben quién es Bugs Bunny, tampoco el gallo Claudio, el pato Lucas ni Bambi. Los chicos de hoy no miran tele. La comunicación ya no es vertical, si no horizontal. Las familias pasan cada vez menos tiempo en el sillón del living frente al televisor. Los noticieros ya no representan una autoridad informativa inequívoca.

Pero... por alguna inexplicable razón, Alberto Fernández decidió hacer un análisis sociológica sobre los dibujitos animados como control social que responde a los 70. Lo que le explicó Alberto se enseñó hace medio Siglo en teoría de la comunicación humana. Es un libro que escribieron en 1972 un chileno llamado Armand Mattelar titulado 'para leer al Pato Donald'. Te explican desde un perspectiva Marxista que EE.UU se fortaleció como Imperio usando a los personajes de Disney.

¿En qué está basado ese análisis? En la teoría de la aguja hipodrémica. El emisor, un malvado, le lava la cabeza al receptor, un estúpido. ¿Qué se comprobó con el correr de las décadas? Que la gente no es boluda. Que la opinión pública no es una mas amorfa que recibe una catarata de mensajes subliminales y se come cualquier cosa que le digan en Telenoche, C5N o La Red. Que la gente piensa que la gente razona, que la gente tiene conciencia crítica.

Sin embargo, evidentemente Alberto Fernández piensa igual que Cristina Fernández. Volvemos con la vieja y estúpida idea de que los medios hegemónicos de comunicación 'nos inyectan un montón de datos'. Otra vez la fantasía de la conspiración. Ese tipo de razonamiento llevó a Cristina a enojarse con una caricatura de Sábato, con un graph de TN o con un libro de Gustavo Noriega.

¿En serio les parece que el país está para bancarse otra vez las teorías delirantes que el mal es provocado por los medios de comunicación? ¿Vamos a volver a echarle la culpa al periodismo por la inflación, el aumento del dólar, inseguridad o que la sociedad votó engañada y Macri sacó 40%?

Mi humilde recomendación es: hay demasiado quilombo en el país como para restaurar la idea de los medios como mentes siniestras que buscan perjudicar a los gobiernos nacionales y populares mediante sofisticados herramientas de comunicación como Bugs Bunny, Luis Majul, Roger Rabbit, Alfredo Leuco, el perro Pluto y Eduardo Van Der Koy.

Huele a naftalina volver a esos mecanismos infantiles de echarle la culpa de todo al periodismo y a su maquinaria del mal. ¿Se dan cuenta que la realidad es mucho más compleja? Alguna vez en la vida dejen de subestimar a la gente y si van a pelear contra Bugs Bunny y el pato Lucas les aseguro que van a perder porque son invencibles.

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