sábado 03 de febrero de 2018
MUNDO

Maduro va por la reelección para prolongar el chavismo

Ante más de 500 delegados del PSUV fue proclamado candidato para las presidenciales de antes del 30 de abril.

Caracas. Atrás quedaron los días en que parecía tambalearse. Nicolás Maduro, protagonista de una de las peores crisis que haya vivido Venezuela, hoy se erige como el hombre fuerte, contra todo pronóstico, para perpetuar el chavismo en el poder.
A sus 55 años, este ex conductor de autobús, de poblado bigote negro, fue proclamado ayer candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para buscar la reelección en las presidenciales, adelantadas por la Asamblea Constituyente para antes del 30 de abril.
Vestido con camisa roja, Maduro recibió el estandarte de PSUV, en medio de la ovación de los más de 500 delegados de esa agrupación. "Vamos a una gran victoria", expresó el mandatario en su discurso ante la plenaria del congreso del PSUV, transmitido por la televisión oficial.
Maduro, cuyo mandato de seis años vence en enero de 2019, es el heredero de Hugo Chávez –fallecido en marzo de 2013–, quien lo ungió para liderar la "revolución bolivariana" lanzada en 1999.
"Su autoridad nace heredada por Chávez. Ahora tenemos a un Maduro distinto, que se sabe más fuerte y es más agresivo", declaró el analista Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.
Sin el carisma ni los petrodólares de Chávez, ha intentado imitarlo con apariciones cotidianas en televisión, verbo populachero y retórica antiimperialista.
"Has abusado de su nombre y su imagen, tratas de parecerte a él (pero) no puedes", le reprochó Rafael Ramírez, a quien sacó de la embajada en la ONU por presunta corrupción y considerado por algunos chavistas como potencial adversario.
Pero Maduro también construye su propia imagen. Se autodenomina "presidente obrero", conduce su camioneta, se burla de su mal inglés, baila salsa y reggaeton y está en todas las redes sociales.
"Tiene un estilo campechano. Nunca pierde el sentido del humor aunque el país se esté cayendo. Buen orador, pero nunca como Chávez", comentó un ejecutivo del sector privado que lo conoce desde sus tiempos de canciller.

Político subestimado

Sus oponentes lo acusan de ser un "dictador" que controla todos los poderes –excepto el Parlamento, maniatado por el Poder Judicial– y la Fuerza Armada, y de haber empujado al país al abismo con medidas económicas disparatadas.
El agravamiento de la crisis y sus gazapos lo hacen blanco de críticas y burlas. Pero Maduro se mofa de quienes lo llaman "Maburro", dice ser un presidente democrático y atribuye la hiperinflación y la escasez de alimentos y medicinas a una "guerra económica", apoyada por Estados Unidos, para derrocarlo.
"Ha sido subestimado. Algunos han escrito su obituario político desde que se convirtió en presidente", comentó Michael Shifter, de Diálogo Interamericano.
Atribuyéndole audacia política, Seijas cree que ha sido "un gran equilibrista que logró mantener una distribución de las cuotas de poder" en el chavismo, ganando "autoridad para imponer su candidatura".
Las críticas también vienen de antiguos camaradas que lo acusan de enriquecer a empresarios amigos y a la cúpula militar. "Será madurista, pero no chavista", comentó Ana Elisa Osorio, ex ministra de Chávez.
Chávez, a quien conoció a inicios de los años 1990, lo consideraba sin embargo "un revolucionario a carta cabal", y Maduro reivindica hacer de "tripas corazón" para mantener la inversión social que catapultó al chavismo.
Ex sindicalista del Metro de Caracas, presidió el Parlamento, fue canciller y vicepresidente. Se declara católico y de adolescente fue guitarrista de una banda de rock. Está casado con la ex procuradora Cilia Flores, a quien llama "primera combatiente" y con la que aparece frecuentemente bailando en los mitines.
Sus opositores aseguran que no nació en Caracas sino en Colombia, pero él lo niega. De 1,90 metros de estatura, es padre de Nicolasito, miembro de la Constituyente y fruto de un matrimonio anterior.
Desde que fue elegido el 14 de abril de 2013, gobierna en medio de convulsiones. El ex candidato presidencial Henrique Capriles, a quien derrotó por estrecho margen, impugnó su triunfo.
Al caer los precios del petróleo a menos de la mitad en 2014 –una calamidad para un país dependiente del crudo–, su popularidad se desplomó y enfrentó una primera ola de protestas: hubo 43 muertos.

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