martes 08 de octubre de 2019
VIALE 910

El abrazo al mundo de la delincuencia

Es conocida la historia del juicio de Jesús. Pilatos, el procurador de Roma en Jerusalén, tenía la última palabra. Pero se lavó las manos, dejó a la multitud decidir sobre su vida. La masa tenía que elegir entre Jesús, un supuesto mesías, o Barrabás, un bandido vulga. El pueblo gritó sin parar que debían perdonar a Barrabás y soltarlo.

Entonces Pilato entrega a Jesús para ser crucificado y Barrabás, un asesino, ¡Es puesto en libertad! El inocente fue a la cruz en lugar de culpable. Mientras los seguidores de Cristo hacían parte de su credo los padecimientos, Barrabás disfrutaba los placeres de la vida. Ese fue el origen de la barrabasada.

La barrabasada no es una guarangada como solemos confundirla, es una barbaridad que cruza toda nuestra lógica. Es una confusión enorme del sentido común. Donde se termina defendiendo y donde se termina condenando al inocente.

Tres grandes ejemplos de barrabasadas. Kicillof dice que la gente que pierde el trabajo teremina dedicándose al narcotráfico (rozando al legitimización). Grabois dice que si hubiera sido cartonero, terminaría yendo de caño (legitimando la delincuencia). Victoria Donda terminó peleándose con la policía porque se querían llevar detenido a una persona que tenía pedido de captura con antecedentes delictivos.

Conclusión: No se trata solamente de hablar con livanidad. No se trata solamente de que el futuro gobernador de la provincia más importante de Argentina dio una definición muy peligrosa sin un solo dato estadístico. Se trata de algo mucho más perverso: justificar la delincuencia.

¿Cuál es el denominador común de las tres frases de Kicillof, Donda y Grabois? Ellos alegando defender a los más débiles terminan avalando la ilegalidad. El discurso progresista es conmovedor: Juan Grabois, un joven de clase alta de San Isidro, diefiende a los cartones. Kicillof un joven economista de centro-izquierda defiende a los más humildes. Victoria Dona, una joven diputada y abogada de los DD.HH defiende a los pibes perseguidos por la maldita policía. Eso es el discurso.

¿Pero saben cuál termina siendo la realidad? Que Grabois termina validando la actividad delictiva cuando habla de ir de caño. Que Kicillof termina autorizando el narcomenudeo como futuro Gobernador cuando justifica la venta de drogas por haberte quedado sin trabajo. Y que Donda termina contradiciendo la autoridad policial ante un orden de arresto ante un orden de captura (y eso es gravísimo, a menos que quieran un Estado sin ley).

Terminás dando un abrazo encubierto al mundo del delito. Peor aún, apelando a una palabra que le gusta mucho al ex Ministro de Economía... "estigmatizando" a los pobres que decís defender. Kicillof, como político inteligente que es, sabe perfectamente, que el pobre que pierde laburo no se vuelve narcotraficante. El pobre que pierde laburo se hace una changa, busca trabajo en una obra de la construcción, o termina siendo cartonero.

En los últimos meses el gobierno de Macri metió en la pobreza a más de 3 millones de argentinos. Si la teoría de Kicillof fuera cierta, tendríamos 3 millones de nuevos dealers en las calles de la Argentina.

El kirchnerismo tiene una historia muy poco feliz con el tema del narcotráfico, narcos colombianos que entraron a la Argentina en la década pasada, Triple Crimen de General Rodríguez, récord de importación de barriles de efedrina y ex funcionarios de la Sedronar procesados por convivencia demasiado historial como para que el futuro gobernador de la provincia cometa este error tan elemental. Pero insisto, va más allá de Kicillof. Alarma que reaparezca el coqueteo con la delincuencia.

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