"Nunca antes en una elección presidencial en Brasil sectores tan diferentes se han unido para decir basta de odios y de mentiras. Comenzamos a reconstruir este país desde este mismo domingo 2 de octubre". Lula habla sereno, pero convencido de que está a punto de hacer historia grande en Brasil. Primero por llegar a la presidencia del país por tercera vez en su historia. Pero además, por estar en condiciones de ganar en primera vuelta este domingo, algo que no sucedió nunca desde que el vecino país recuperó la democracia en 1985. Esto también muestra o califica la gestión llevada adelante por el presidente Jair Bolsonaro.
Lula: "Reconstruir el país que soñamos"
Para el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) se trata de comenzar una tarea de reconstrucción casi total. En ese aspecto, se dirige sobre todo a una tarea social o desde la "grieta" que también se creó en Brasil en todos estos años. Bolsonaro tiene una visión binaria del país y del mundo. Se alineó sin dudar con Donald Trump, sin tamizar ninguno de sus desplantes mundiales. Y lo mismo hizo en la región y en su propio Brasil. Una división entre socialismo o comunismo y libertad. En el plano de Sudamérica puso como antítesis a la Venezuela de Nicolás Maduro y, en más de una vez, a la Argentina de Alberto Fernández.
En el plano doméstico, usó a la figura de Lula para mostrarlo como el paradigma de la corrupción. Pero no supo cambiar de argumento cuando el Supremo Tribunal de Justicia (STJ) brasileño lo dejó en libertad y habilitado para competir por la presidencia.
Las encuestas así lo marcaron. La sociedad -dividida, es cierto- castigó el manejo de la pandemia que hizo el actual presidente. También su mala relación con los gobernadores de los estados más importantes como San Pablo y Río de Janeiro. El Amazonas, su cuidado, la deforestación y los incendios lo hicieron cruzarse hasta con Emmanuel Macron, el presidente de Francia.
Todo eso se reflejó en las encuestas. Desde el primer momento, Lula llevó una clara ventaja. Bolsonaro no pudo achicar jamás un margen de 10 puntos en su contra. En el último mes, la distancia se amplió a casi 15.
Lula llega con un 47-48% de intención de voto. Bolsonaro no pasa del 35%. Ni la recuperación económica que lleva a Brasil a tener deflación la pudo transformar en un bien electoral. Y de haber una segunda vuelta, el nivel de rechazo al presidente es muy alto como para dar una sorpresa el próximo 30 de octubre.
El último sondeo antes del debate final
Según el último trabajo revelado por Datafolha, a tres días de las elecciones, los sondeos dieron el siguiente resultado:
- Luiz Inácio Lula da Silva (PT) llegaba a la noche del último debate, el pasado viernes, con 50% de los votos válidos, lo que mantiene abierta la posibilidad de ganar en la primera vuelta.
- En cambio, para Bolsonaro, la depuración de los votos solo le permitía subir al 36%.
- Muy lejos llegaban Ciro Gomes (PDT), con el 6%, y Simone Tebet (MDB), con el 5%. Cualquier margen que mude para el candidato Lula, por mínimo que sea, le dará la victoria este 2 de octubre.
Es esta última encuesta de Datafolha, repite que el margen de error es de más o menos dos puntos porcentuales.
Lula llegaba al último debate con una sola misión: no cometer errores.
¿Se invierte la rueda ante la Justicia?
Durante el gobierno de Dilma Rousseff, el de Michel Temer y la primera mitad de Jair Bolsonaro, las denuncias de corrupción contra Lula arreciaron. Incluso por el proceso de "Lava Jato" que llevó adelante el juez Sergio Moro, Lula fue detenido y pasó 580 días en prisión.
Por la ley de "ficha limpa" (o libre de antecedentes) que el propio líder del PT impulsó, no pudo competir contra Bolsonaro en las elecciones de 2018. Pero en estos días finales de campaña, publicó un mensaje por Twitter: "Exonerado en los 26 casos, Lula no le debe nada a la justicia. Mientras tanto, Bolsonaro y su familia están cada vez más involucrados en tratos dudosos y secretos". ¿Será un indicio de lo que puede ocurrirle al actual presidente si pierde las elecciones y vuelve al llano?
El último traspié de Bolsonaro: hablar de fraude electoral
El Tribunal Superior Electoral (TSE) fulminó al presidente y a su Partido Liberal. Un informe partidario habló de un fraude a consumarse con el mecanismo de votación electrónica. Como si hubiesen copiado la estrategia de Donald Trump en 2020. Pero en Brasil, ese debate y esa denuncia se cortaron de cuajo. El presidente del TSJ declaró que todo el informe es fraudulento y que, además, colocó al Partido Liberal a las puertas de una investigación por falsedad ideológica. Las urnas electrónicas se utilizarán sin ningún inconveniente ni ninguna sospecha el próximo domingo.
Un número mágico: 11% de los votos dispuestos a cambiar... hacia Lula
Una de las últimas encuestas parecen darle la razón a las palabras de Lula con las que abrimos esta nota. El 11% de los votantes estaría dispuesto a cambiar su voto. Pero en una sola dirección: para apoyar a quien más chances tiene de ganar en primera vuelta, que no es otro del líder del PT. Por su parte, Bolsonaro, ante la misma opción, solo consigue un 6% de votantes que podrían optar por él entre los aún no definidos. Si es así, la votación ya está definida. Solo resta esperar al domingo por la noche en Brasil.
Para Bolsonaro, todo apunta a una irremediable cuesta abajo. Solo un milagro lo puede poner en una segunda vuelta y allí, la ventaja que sacaría Lula -según los sondeos- sería categórica. No hay chance de que intente un recurso como el de Trump y hablar de fraude con el mecanismo del voto electrónico. Sería de inmediato un paria político.
"¡Vamos juntos a escribir la historia!", dice Lula en el cierre de campaña. Está a punto de lograrlo. Mucho más, si lo consigue en primera vuelta.
Información extraída de A24.com




