miércoles 24 de julio de 2019
VIALE 910

La cultura democrática sub-desarrollada de la Argentina

Imaginate que mandás a tu hijo a la escuela, primer grado:

Página 1: "Mi hermanita y yo amamos a papá, mamá, Evitra y Perón"
Página 2: "Esa niña juego con una muñeca. Se la regaló Evita. Para ella, es la más linda del mundo".
Página 3: "Mi abuelito tiene 70 años. está jubilado. Gracias a Eva Perón ya no hay ancianos que piden limosna".
Página 4: "¡Eva Perón! Amó a los niños amó a las madres amó a los ancianos, amó a los obreros, amó a todos".

Eso decían los manuales escolares en la época del primer peronismo. Básicamente eran manuales de adoración. Ahí también comienza en la Argentina, según el sociólogo Ricardo Sidicarola confusión más fuerte entre partido y estado. ¿Qué siginifica esto? Usar el estado con fines político-partidarios. Usar los bienes del estado (que son de todos) para beneficiar o hacer campaña solamente por un determinado sector partidario o de la sociedad civil. Básicamente es confundir a propósito el estado y el partido político lo público y lo privado lo que es de todos y lo que es de algunos.

Esto habla de una cultura democrática sub-desarrollada y es lo que vuelve a pasar en la Argentina cuando el sindicato de pilotos (APLA) usa los aviones de Aerolíneas Argentinas para bajar línea política.

Podemos estar varias horas discutiendo sobre la política aero-comercial de este gobierno pero hay algo previo a esa discusión que es lo que genera tanta violencia. Vos no podés usar los aviones del estado para hacer campaña. Vos, como piloto, no podés hacer uso del poder que tenés sobre los pasajeros para bajar línea partidiaria. Imaginate que vas a un hospital público y el médico en lugar de curarte empieza a decir: "Porque con Vidal y Macri gato subió la inseguridad en la provincia y ahora tiendo más gente herida de bala".

Fuera del avión, el piloto piensa y dice lo que quiere. Fuera del hospital público, el médico piensa y dice lo que quiere. Mientras tanto, no puede hacer abuso de poder y no puede hacer uso de los bienes del estado para adoctrinar, para hacer campaña, para bajar línea o para criticar a su rival político.

Supongo que aún el electorado más desencantado con este gobierno por sus pésimos resultados económicos, no debe querer regresar a un tiempo de prepotencia. Supongo que Alberto Fernández, candidato del espacio opositor entiende que la sociedad, más alla de la grieta, está harta de los violentos de los patoteros de los extorsionadores y de los que imponen su verdad por la fuerza.

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