Me tomo un minuto como todos los días. Ayer veía el cambio de ministro que hoy va a estar jurando en la Argentina, el doctor May que llega a la justicia desplazando en este caso al doctor Cuño Olivaro.
Le decía qué relevancia que tiene este momento para el flamante ministro de justicia, porque la palabra justicia encierra en la Argentina un concepto de mucha fuerza y cuando uno después del escándalo del domingo en el Congreso de la Nación, con un estilo que a mí particularmente no me gusta, que es el de los gritos, el de la confrontación y el de ver quién se falta más el respeto en la Argentina, pero que forma parte de nuestros días, porque si uno no tiene una réplica inmediata, una contestación que roce con lo violento o con lo vulgar, parece que está exento de de cualquier perfil de la Argentina.Está instalado en todos lados. Ayer veía en Gran Hermano, que es un juego, el voto planta. ¿Por qué? Porque la persona que pueda estar serena, tranquila, pensativa, no forma parte.Tenés que estar en el escándalo, en la ola, en el grito, en la réplica, en la mala contestación, hasta en un juego. Y ese juego lo llevamos también al Congreso de la Nación. Me imagino pobres maestros, pobres padres cuando quieren poner un límite.
Si algún chico ve lo que pasa en una de las instituciones de la Argentina, donde todo es falta de respeto, gritos, descalificaciones y maltratos permanentes, ¿no? Como tratar de citar algún tipo de ejemplo, ¿no? Pero la relevancia del ministro es tan fuerte porque hay que cubrir 209 vacantes de cargos de jueces. En un país con tanta lentitud de la justicia, nos faltan 209 cargos que no están cubiertos. Nos faltan las vacantes de la Corte Suprema, que sabemos de hace rato estamos con este tema, la Procuración General de la Nación, que es la cabeza de los fiscales, que tiene un funcionario de tránsito, y jugamos un momento muy particular.Porque más allá de la interna, que yo no sé hasta qué punto le interesa a usted que nos está escuchando, a vos que nos estás escuchando, si triunfa Carina Milley sobre Santiago Caputo o Santiago Caputo sobre Carina Milley, me parece que los argentinos jugamos algo muy fuerte. Porque el gobierno, el domingo, instaló en el Congreso el discurso vinculado a un país donde hay que cambiar una matriz.
La matriz de la corrupción por la matriz de un país que preste atención a la moral.Y no es poca cosa, porque atrás de todo acto donde está el Estado tenemos que estar olfateando permanentemente algún hecho irregular o algún hecho de corrupción. Ya hemos naturalizado en la Argentina que los sindicalistas, que muchos políticos vivan como reyes, no sepamos cómo, o sabiendo o presumiendo cómo, pero ya forma parte de nuestra postal. Y yo creo que el gobierno juega cosas muy importantes.Primero porque tiene que resolver casos muy sensibles, como el caso de Andes, donde está la discapacidad de por medio, el caso Libra, y el nuevo ministro acá tiene que jugar también un rol y el gobierno de absoluta transparencia y claridad. Como también el hecho que aparezca este ministro y que cuando empiece todo el mundo a armar ese arbolito, que no es el árbol de familia, pero sí que es el árbol de contactos, de cercanías y de amistades, empecemos a ver algunas cosas que uno dice, pero qué raro, ¿no? Que el gobierno que hoy está enfrentado con este pacte con alguien cercano a este, no será para tener un beneficio o no sé qué cosa. Yo creo que hay que prestar mucha atención, porque en el Senado de la Nación vamos a tener que resolver los pliegos para cubrir las vacantes de los jueces, las vacantes de la corte, la Procuración General, y hay que ver cada personaje con quien tiene cercanía.Y hoy el gobierno mira con mucha atención los 47 votos a favor que tienen el Senado, pero mira también con mucha atención algo que les seduce y son los tres senadores que pertenecen al gobernador de Santiago del Estero, el señor Zamora. Hablar del señor Zamora también es hablar del señor Tobigino, y hablar del señor Tobigino es hablar del padre del actual ministro de justicia que hace poco se confirmó que tuvo en algún cumpleaños o algún vínculo demasiado amistoso con el señor Tobigino, hoy observado por la justicia. Llega también, de número dos, el doctor Viola.En algún momento patrocinó a los VAEs, al padre y a los hijos en la ruta del dinero K, y en algún momento estuvo acusado de plantar testigos falsos que acusaban al doctor Casanelo de haberse reunido en Olivos con Cristina Kirchner y con Lázaro Báez. Digo porque en este juego de la justicia tenemos que jugar con mucha prudencia y con mucha justicia. En una justicia argentina que tiene hechos relevantes y tiene hechos que nos asustan y nos preocupan por el paso del tiempo, porque siempre le echamos la culpa a la justicia.Pero me parece que hoy tenemos una vara alta en un montón de cosas.
¿Quién iba a imaginar que la toda poderosa Cristina Fernández esté presa por corrupta en el día de hoy? ¿Quién iba a imaginar que íbamos a resolver con tanta protitud el caso VAE-Sosa, donde Fernando murió a patadas en Villagés en el mando de una banda de energúmenos? ¿Quién iba a pensar que en el caso Maradona iban a sacar de circulación a una ridícula que actuaba como jueza, que quería ser actriz y hacer un negocio en el medio de uno de los juicios más emblemáticos de la Argentina? ¿Quién iba a pensar que ayer en el caso Kim, esta chiquita que murió arrastrada por dos delincuentes menores, hoy uno de ellos ya esté fuera de circulación de la sociedad porque hay que meterlo preso? Por supuesto que hay tardanzas. Ayer hablamos de 15 años de sueños compartidos, todavía no tenemos Sotesur, todavía no tenemos los sauces, todavía nos faltan un montón de cosas.Pero atención que hay una vara alta, hay una expresidenta que tuvo todo el poder concentrado hasta hace dos minutos y medio que está presa y que está inhabilitada de por vida. Por eso creo que es un momento de suma relevancia para la justicia argentina, para el nuevo ministro y para este gobierno que el domingo plantó una raíz que tiene que transformarse no solamente en eso sino en una matriz, la matriz moral, donde hay que resolver muchos casos sensibles que le golpean la puerta como Andy repito, como el caso Libra, etcétera, etcétera, etcétera, y que son fundamentales para ver si de una vez por todas se traza una bisagra que marque un camino diferente a lo que estamos acostumbrados los argentinos, a convivir permanentemente con hechos de corrupción y con hechos de mucha inestabilidad.


